domingo, 15 de octubre de 2017

Del amor, del exilio, del voto, de los derechos

     Hace poco estuve conversando con alguien de mis afectos. Nuestra conversación era de pura alegría y estaba salpicada de risas. No sé de dónde salieron aquellas palabras: "Si ésto coje el camino que no es, nos vamos. Los chamos ya van llegando a la adolescencia. No es justo."
     Esas palabras me congelaron la sonrisa, me apretaron la garganta, el corazón. No comenté nada ¿qué hubiera podido decir? Tampoco quería desgajarme en llanto. Guardé silencio. Guardé el momento. Elevé una oración: "que ésto no coja por el camino que no es."
     Una de estas noches ví una entrevista a uno de los periodistas más conocidos y queridos del país. Alguien con una carrera sólida gracias a una trayectoria limpia, profesionalismo puro. La entrevista fue la ocasión para que él anunciara que se va del país y lo hizo con un nudo en la garganta; habló de la decisión como algo inevitable, pensado y repensado en familia, durísimo pero necesario. ¿La razón? Los chamos. Uno ya profesional, otro a punto de ingresar a la universidad, otros adolescentes. ¿Él? Se va sin tener trabajo, sin tener idea de dónde y en qué va a trabajar, apostando al empleo de la esposa y a Dios, que si señala este camino, concederá los recursos. ¿No le duele dejar una carrera, una trayectoria? "Si, claro. Hemos llorado muchísimo pero es el camino. Primero está el futuro de los chamos. Yo encontraré algo, no lo dudo. Estaremos bien."
     Otra vez la garganta y el pecho apretados... La diáspora... El exilio forzado... 
     Uno vive bien solo en su aire, donde uno es querido y necesario, donde los ojos pueden extasiarse con los atardeceres de su infancia, donde las comidas te saben a cariño, a abuela y a casa, donde los olores tienen nombres y apellidos.
     "Dios mío, que ésto no coja por el camino que no es."
     Es que yo sé lo que significa estar lejos. Yo sé lo que es inventarse en otros aires, con otros sabores y otros olores. Es duro cuando es voluntario, cuando eres chamo, cuando vas por una meta, como fue mi caso; la alcanzas y regresas, o no. O no del todo, como también es mi caso.
     Porque regresas siendo extranjero, porque ya nada es igual. Porque tienes que volver a inventarte... Porque entonces te hace falta el aire que te enriqueció la vida, los colores que pintaron tu mundo, los sabores que te acariciaron el gusto. Eres extranjero, otra vez...
      "Dios mío, que ésto no coja por el camino que no es."

     Hoy es 15 de octubre. Tengo la sensación de que este día pasará a la historia como el antes y el después. Espero que para bien. Quiero confiar que para bien. Hoy, con un año de retraso hay elección de gobernadores. Hoy, a pesar de los muchos pesares, los ciudadanos que queremos que ésto no coja por el camino que no es, estamos llenando las calles con nuestra esperanza y nuestra firme decisión de vivir en paz, de gritar nuestra civilidad, de que retumbe que queremos el camino que es. Hoy muchos, muchísimos salimos de nuestros hogares como Don Quijote a enfrentar dragones con nuestros votos. A punta de votos y de huellas digitales cambiaremos los colores del mapa. ¿Qué mañana todavía estará oscuro? Sin duda alguna. Pero habremos empezado a andar el camino ¿Que quién sabe si los que ganan se emborrachan de victoria y pierden el norte? No hay manera de asegurarlo o negarlo. También sabremos cómo enfrentarlo (espero).
     Es que los sueños se persiguen y los derechos se ejercen. Es que no quiero que nos convirtamos en un país diseminado por el mundo, en un rompecabeza cuyas piezas no logran encajar ni aquí ni en ningún otro lado sobre todo porque andan enchumbadas de lágrimas.
     En este momento sólo puedo decir que yo voté, que como siempre, salimos en familia a ejercer nuestro derecho a escoger un rumbo diferente.
     Salí a ejercer un derecho por el que las mujeres de la generación de mi madre pagaron cárcel y exilio para que yo pudiera ejercerlo. Salí a ejercer un derecho para que todos seamos iguales ante el Estado. Salí a ejercer un derecho para que ni tu hijo ni el mío tengan que pisar la obra de Cruz Diez, no con la emoción de conocer nuevos mundos, sino ahogados en llanto por el dolor de sentirse asfixiados en su propio mundo.
     "Dios mío, que ésto no coja el camino que no es."
     
    



     

martes, 2 de mayo de 2017

Encuentro



Mi papá conversaba muy animado con su amigo. Ambos estaban contentos de haberse encontrado, de hablar, sonreían. Yo estaba ahí, de pie, al lado de mi papá. En silencio. Me recuerdo como una niña silenciosa. Junto al amigo de mi papá estaba su hijo. Un niño silencioso también, Nos mirábamos pero no nos decíamos nada. Tampoco recuerdo que alguno de nuestros padres nos hubiera presentado. Era innecesario. Yo no recuerdo la fecha pero sé que tenía 11 años. Aquel niño debía tener mi edad también. Recuerdo que él llevaba una franela blanca. 
De esa imagen, mi memoria me lleva a la siguiente: yo sentada en el asiento trasero del carro de mi papá mirando por la ventana… nos íbamos del lugar y yo me encontré con la mirada profunda de aquel niño. Nos veíamos a los ojos, supongo que por instantes porque el carro avanzaba, pero yo podría jurar que el tiempo se detuvo porque siempre recuerdo aquella mirada de reconocimiento, de encuentro, con la misma intensidad que ayer o ¿qué hoy?
En aquel momento nos encontramos y reconocimos no sé si los bebés que fuimos y que, contaban nuestros padres, compartían juegos en la época en que ellos eran perseguidos políticos mientras nuestras madres hacían lo que podían en aquella miseria para que sobreviviéramos.
No sé si se encontraron dos energías que rondaban la tierra entonces y pactaron encontrarse al nacer,
No sé si se encontraron dos almas que ya han compartido encarnaciones anteriores... ¿o futuras?
¿Qué es el tiempo? ¿Cómo se mide?



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jueves, 9 de marzo de 2017

Segundo sueño con Nel (VII)

Era domingo, temprano en la mañana, y yo estaba en la cocina haciendo café cuando escuché el timbre de la puerta. Sin prisa fui a ver quien era pero en lugar de mirar por el ojo mágico, abrí la puerta. ¡Quá alegría tan grande! ¡Qué emoción sentí!

- ¡Tío viniste! -Allí estaba parado, sonreído y feliz mi Tío Nel. Vestía de blanco luminoso; una túnica y unos pantalones blancos. Irradiaba una luz blanca, hermosa, muy brillante pero no me encandilaba.
- No abras -me dijo sonriente- Vine a decirte que estoy bien pero lejos, muy lejos.

En ese preciso momento desperté alegre, feliz. Mi Tío había hecho su mudanza como dos años antes y yo seguía devastada. No podía pronunciar su nombre sin sentir el nudo en la garganta y romper en llanto. ¡Tanto lo echaba de menos! ¡Tanto me dolía su ausencia! ¡Tanto extrañaba su palabra precisa y certera, su risa, su compañía! ¡Tanto extrañaba sus poesías!

Aquel día el amor hizo posible que yo entendiera todo. Sigo amando profundamente a mi Tio Nel y cada vez que lo recuerdo lo hago con alegría, con la certeza de que él está bien. Entendí que siguió su destino cuando terminó su misión aquí. Agradezco humilde y profundamente su guía, su compañia -antes física ahora omnisciente. Aprendí a vivir, a tenerlo de una manera diferente.

¡Gracias, Nel, gracias por siempre! ¡Hasta que volvamos a encontrarnos!

viernes, 11 de marzo de 2016

Primer sueño con Nel (VI)

"Otro tipo de sueño es el que tiene lugar cuando nos comunicamos con otra persona a distancia. Esta persona puede estar viva y lejos de nosotros geográficamente, o quizá se trata del alma o la consciencia de alguien que haya muerto, como un pariente o un amigo íntimo. (...) Los mensajes que se reciben en estos sueños suelen ser auténticos, conmovedores y muy significativos."
Brian Weiss. Lazos de amor. 1998:134



     Soñé que estaba en una habitación inmensamente alta, con paredes de color beige, blanco sucio. La habitación era un cubo estrecho y alto, como una caja; dentro nos encontrábamos mi tía y yo, sentadas al borde de la cama de mi abuela, con ella, que se hallaba en sus últimos días. La cama era la misma que mi abuela usó hasta que murió, ubicada en el cuarto que fue suyo, incluso yo veía, a los pies de la cama, la puerta del cuarto real. Lo impactante es que la cama estaba sobre una pestaña que sobresalía, en lo alto, de una de las paredes. No había ventanas ni otra puerta. El ambiente era triste, pesado y extrañamente, claro, con la luz natural de una habitación a media tarde en verano. Yo veía la escena como un narrador omnisciente y, a la vez, desde el borde de la cama donde estaba sentada.
     Nadie hablaba. Había silencio. De pronto Nel apareció abajo en una esquina. Tenía una expresión de reproche. Nos miraba a mi tía y a mí con mucha rabia. Él vestía una camisa tipo hindú, larga y del mismo color que las paredes de la habitación; y un pantalón igual, ancho. No pronunció palabra alguna pero yo sentí un fuerte reclamo, su ira. Luego se volteó y salió, más bien se esfumó, por la misma esquina. 


     
     
     En ese momento desperté sintiendo mucho dolor y tristeza por él, que había muerto unos dos años antes, por mí, por mi tía que no nos reponíamos de su pérdida.
     Desde el primer momento interpreté ese sueño como el dolor, el disgusto que sentía mi tío porque cuando él murió, sus hermanos decidieron ocultarle esa gran verdad a su madre. Para mí, eso fue un gran error pero no me atreví nunca a contarle nada a mi querida abuelita por un respeto mal entendido hacia mis tíos; creo que Nel esperaba una mayor lealtad de mi parte y por eso
se me presentó y me reclamó porque en sus últimos años de vida se había profundizado y se había hecho más hermosa la relación tíopadre-hija que él mantuvo desde siempre conmigo y con mis hermanos. Cuando mi padre murió, mi mamá encontró el más sólido apoyo en su hermano, mi tío Nel.
     Después de que murió mi tío, durante mucho tiempo, yo no podía pronunciar su nombre sin desgajarme en llanto. ¡Tanto extrañaba su presencia! No había comprendido nada aunque él, ya desde otro plano, cuando la familia esperaba su cuerpo en la morgue, tuvo la gentileza de permitirme que yo visualizara por unos segundos su rostro con una gran sonrisa de complicidad, como burlona, como tantas veces sonreía.
     Esa visión no la comenté jamás con nadie (hubieran dicho que el dolor me había enloquecido), pero la guardo como uno de mis más preciados tesoros.


jueves, 10 de marzo de 2016

El nombre de la bebita (V)

- ¡María Andreína, no corras que acabas de nacer!

Ese llamado de angustia me despertó aquella noche.

     Era el tercer o cuarto mes de mi segundo embarazo y soñé que estaba en la habitación de una clínica porque había dado a luz. La habitación era pequeña, estrecha; paralelo a la cama, había un sofá en el que estaban sentadas mi mamá y mi tía Carmen. Desde los pies de la cama se desprendía, hacia abajo, una escalera y la puerta que nos separaba de ella, estaba abierta. De pronto, una niña rubia de unos dos años pasó corriendo justo hacia la puerta abierta. Fue entonces cuando yo grité: ¡María Andreína, no corras que acabas de nacer!
     Me despertó el grito y simplemente le dije a mi esposo, que dormía junto a mí: "si es niña, se llamará Andreína."
     Aquella tarde, en el quirófano de una clínica, escuché el llanto fuerte y rotundo de una bebé rosadita, grande, hermosa y con mucho cabello oscuro. Recuerdo que el médico al mostrármela me dijo: "Te presento a Miss Venezuela, ¿cómo se llama?" Yo, emocionada, sonriendo y viendo a mi bebita dije: "Tienes el cabello negro, pero tu eres Andreína. ¡Bienvenida!" 
     Pasó el tiempo y a la bebita se le cayó toda su frondosa cabellera negra, le salió una pelusita dorada. Tenía cerca de dos años cuando se mostró como la niña que me visitó en aquel sueño para anunciarme su nombre.





El grito de Ivan (IV)

¡Tatiana! Ese grito desde el alma resonó en mí aquella madrugada. Era Ivan que me llamaba.
     Me despertó aquel llamado desesperado. Me levanté de inmediato con la necesidad de visitar a mi tía. Me bañé y vestí. Busqué algo de dinero y antes de las siete de la mañana ya estaba saliendo de casa. Con el dinero compré pollo y pan.
     La sorpresa de mi tía fue grande cuando me vió tan temprano en su casa, me preguntó qué había pasado y mi respuesta fue preguntar por Ivan. Él acababa de salir para la universidad.
     Entonces le conté lo que me había pasado. Su sorpresa fue mayor y lo que sigue es lo que ella me relató: Ivan también nos despertó gritando tu nombre a las cinco de la mañana. Es que había soñado que le disparaban al estómago y en la pesadilla, te llamó.
     Somos uno, somos energía y estamos interconectados.

lunes, 7 de marzo de 2016

La bronconeumonía de Al (III)

     Era una tarde de invierno en Moscú. La temperatura en la calle era 25° ó 30°. Recuerdo que la nieve crujía al caminar y el sol era radiante sobre un cielo azul,  limpio de nubes. Así suelen ser los días de invierno en Moscú: hermosos.
     Al llegar a mi habitación sentí la necesidad de subir a la habitación de Alicia. Yo vivía en el piso 3 y ella en el 11. No pensé que a esa hora del mediodía ella no debería estar en casa porque normalmente llegaba de la universidad al final de la tarde o en la noche. Simplemente seguí el impulso de mi intuición.
     No llamé a la puerta, abrí, pasé y vi a mi hermana acostada en su cama, el rostro bañado en lágrimas que se deslizaban. Me vio y no dijo nada pero su mirada pedía auxilio.  En alguna parte de mí comprendí que pasaba algo serio y se me ocurrió presionar su pecho como tantas veces había visto en películas. Presionaba y soltaba. A los pocos segundos ella pudo hablar y llorar. Me dijo que no podía respirar, que había pensado en mí.
     Me pidió que la llevara a una clínica de la embajada francesa porque en la clínica de la universidad la habían visto, le habían diagnosticado bronquitis y le habían mandado una pastillitas pero ella se sentía peor. Yo no conocía esa clínica pero ella me explicó que allí veían extranjeros también. No recuerdo si cobraban y no se cómo ella se enteró de esa maravilla.
     Solo quien haya vivido en el Moscú de finales de los 70, principios de los 80 sabe lo atrasada y precaria que era la atención médica allá en esa época, al menos para el común de la gente.
     Nos pusimos los abrigos y salimos. En la clínica de la embajada francesa la examinaron y le diagnosticaron bronconeumonía. Le prescribieron antibióticos y otros medicamentos. Según recuerdo, se los dieron.
    Estoy convencida de  que los seres humanos estamos interconectados, solo debemos estar atentos, escuchar a nuestra intuición y actuar en consecuencia. Siempre esos impulsos que no podemos explicar racionalmente nos conducen al bien superior.